La verdad es que no podría decirte nada. Siempre vienes a pedirme consejo a mí como si supiese algo del bien y del mal.
Quieres que te de lecciones de moral, que te diga como conseguir mujeres y como dejarlas. Quieres que te ayude a encontrar una excusa para eludir tus obligaciones y otra para no ir a la cita que tenías a esa misma hora. Quieres estar por encima de todo y de todos pero no ensuciarte las manos. Quieres coger una soga, atarla al cuello del que se interponga en tu camino y apretar hasta que muera... O hasta que ya no te interese. Quieres dinero, poder, polvos y amigos. Quieres que todos sean tus juguetes y que su caja contenga tu libro de instrucciones. Quieres jugar a ser Dios. Quieres ser como yo.
Pero toda deidad sabe que no hay camino que puedas recorrer. Yo no te ayudare a destruirme. Yo no colocaré mi cetro en tu mano ni mi corona en tu cabello. Yo soy Jesús. Yo soy Mahoma. Yo soy Gautama y David y Abraham y Goliat. Nadie quiere ser el que admira pero todo protagonista necesita su público y tú, como todos los demás, eres el mío.
Nos hemos divertido mientras te tiraba el frisby pero eso se acabó. Ahora te toca guardarte el rabo y acinarte en una vida vacía y común. Si te portas bien dejare que tengas un chalet en las afueras y que tu mujer no supere los 70 kilos pero no pidas más. Te dejé lamer mi mano e intentaste robarme el anillo así que no me culpes a mí.
Y cuando se congele el infierno y cuando arda el cielo; cuando el mar se seque y la tierra se inunde; cuando esto suceda, entonces y solo entonces, dejare que me admires una vez más.
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