Siempre he pensado que Henry y Kate eran la pareja
perfecta. Se conocieron a los 18 años el primer día de universidad. Henry y yo
éramos compañeros de clase desde el colegio y entramos juntos en la facultad de
derecho. Ella era mi prima, aunque hasta ese momento no habíamos tenido mucha
relación.
Kate
estudiaba bellas artes en el campus de al lado y un día mientras paseaba con
Henry nos la encontramos. Aun recuerdo como brillaban sus ojos aquella mañana,
y como no, también recuerdo la cara de bobo con la que mi buen amigo la miraba.
En aquel momento ya pensé que estarían toda la vida juntos.
Tuvieron que
pasar 3 años más para que aquellos dos saliesen juntos. ¡Vaya 3 años que pase
yo! Escuchando día y noche a mi amigo, que también ejercía como compañero de
piso, llorando por las esquinas por ese amor supuestamente no correspondido.
Finalmente lo
consiguió y al poco tiempo mi compañero se había convertido en una sombra que, lo poco
que salía de su habitación, siempre lo hacía acompañado de mi prima. Terminamos
la facultad todos a la vez, y a los 6 meses me busqué otro piso y les deje allí
viviendo. La armonía que había entre ellos era perfecta, jamás vi ni veré a una
pareja más enamorada.
El tiempo
pasó y llegó, como no podía ser de otra manera, la boda. Eran tan empalagosos
que se empeñaron en celebrar juntos la despedida de soltero. Para ello, un
selecto grupo de amigos nos hicimos un viaje por Europa. El recuerdo más vívido
que tengo de ese viaje fue cuando perdimos los pasaportes al romperse la
cremallera de la mochila donde iban todos guardados. En medio de todo el jaleo
y el nerviosismo, Kate parecía la luz que nos infundía calma y que, como no,
solucionó el problema.
Volviendo a
la boda. La celebraron en una bonita capilla en un pueblo perdido en la sierra.
Fue una ceremonia discreta con tan solo 20 invitados y un cura que había bebido
más de la cuenta. Henry aun llora de la risa cuando lo recuerda.
Fueron unos
años muy felices. Todos los domingos
íbamos mi mujer y yo a comer a su casa, y durante varios veranos
consecutivos fuimos juntos de vacaciones.
Henry era
abogado del estado mientras que Kate trabajaba en un instituto dando clases de
historia del arte mientras se sacaba su tesis para poder enseñar en la facultad.
Pasaron ocho
años y Henry se convirtió, tras mucho esfuerzo, en el abogado más importante de
la ciudad. Kate, consiguió su tesis pero tras dar clase durante algunos años en
la universidad, descubrió que eso no era lo suyo y ahora enseñaba en una
escuela privada.
Pero esa
alegría no dudaría mucho. Se descubrió que uno de jefes del bufete donde
trabajaba Henry había sobornado a un jurado para ganar un caso especialmente
sonado dentro del país. El escándalo fue tal que la empresa quebró y mi buen
amigo se quedo sin trabajo.
Fueron
tiempos difíciles. Se mudaron a una casa más pequeña y Kate volvió a aceptar el
trabajo en la universidad para ganar más. Henry comenzó a trabajar en un bar.
Eran felices.
Tuvieron que
pasar dos años más para que la cosa mejorase, aunque solo en lo profesional. De
nuevo ambos pudieron dedicarse a lo que de verdad les gustaba y volvieron a
mudarse, aunque en esta ocasión a un pequeño chalet a las afueras. En cuanto a
su vida personal….
Aun recuerdo aquel domingo en el que Kate se puso a llorar
desconsoladamente y nos conto que llevaban seis años intentando tener un hijo,
y que tras varios fallos de inseminación artificial ya no sabía lo que hacer.
Es la única vez que he visto a esa pareja tambalearse lo más mínimo. Mi prima
se estaba volviendo loca.
Tras muchos
problemas y mucho llorar, Henry llamó a mi casa unos meses después para darnos
la gran noticia de que Kate se había quedado embarazada. En aquellos momentos
yo también estaba a la espera de mi primer hijo, que nacería en apenas 6
semanas.
Henry soñaba con
que una manita más pequeña que la suya pudiese rescatar a su mujer y devolverla
a sus cabales. Sin embargo esa alma inocente abandono su cuerpo antes de estar
formado, dejando a Kate tocada para siempre.
-
No
se preocupe Henry, en una o dos semanas estará bien ya lo verá.- Y nosotros les
creíamos. Henry creía a los doctores cada vez que se lo decían, pero lo cierto
era que Kate estaba cada vez más débil.
Aun así nadie desfallecía. Los queríamos tanto
que Diana, mi mujer, y yo, que estábamos buscando una casa en las afueras
decidimos mudarnos a un chalet que se vendía muy cerca del de ellos.
Mi prima se lo tomo mejor de lo que
pensábamos. Cuando perdió al niño creíamos que iba a terminar de enloquecer,
pero le devolvió la cordura. Estabas más optimista que nunca. En el peor
momento, cuando todos no veníamos abajo, una vez más era ella la luz que nos
iluminaba y sabía lo que había que hacer.
Pero cada rayo de luz que salía
de ella nunca volvía. Al cabo de unos meses ya no podía andar, así que cada
mañana y cada noche Henry la bajaba en brazos hasta el sofá, donde pasaba todo
el día.
Los médicos seguían diciendo que estaba bien,
y que era cuestión de tiempo que mejorase, pero lo cierto es que a mi querido
amigo cada vez le costaba menos cogerla en brazos.
Recuerdo especialmente un día que fui a verla
al volver de trabajar. Llevaba unos pantalones cortos y podía ver sus piernas,
más flacas de lo que jamás hubiera imaginado.
Ella decía sentirse bien, pero estaba
preocupada por Henry. ¿Qué será de él cuando yo no este? Me decía. ¿Cuidarás de
él verdad? Me imploraba. Yo, con más ganas que convicción la aseguraba que
sería ella la que tendría que cuidarle y durante mucho tiempo, no yo.
Los médicos ya no eran tan optimistas. En su
última visita, antes de que Henry les echara a patadas, dijeron que no sabían
que podía pasar, que estaban desconcertados.
Kate ya no se movía de la cama. Seguía igual
de feliz y de radiante pero su pelo había perdido color y su cara estaba más
pálida de lo normal. Henry pidió una excedencia en su trabajo.
Una noche, a finales de abril estaba en el
salón charlando con Henry sobre su mujer cuando Diana bajó a decirnos que mi
prima quería verme. Subí con un nudo en la garganta y temblando de la cabeza a
los pies.
Estaba incorporada en la cama, y se la veía
mucho mejor que los últimos días, incluso había recuperado algo de color. Me
dijo que nos sentáramos a hablar.
-
Esta
vez, y por favor no me interrumpas, escúchame. Te quiero. Sabes que eres la
persona en la que más confío en el mundo a parte de Henry y por eso te pido que
cuides de él. Y no me salgas con que yo lo hare. Ambos sabemos lo que va a
pasar, ambos sabemos que tengo el tiempo limitado y jamás podría irme tranquila
de este mundo sin saber que él estará bien.
Me puse a llorar. Intentaba
evitarlo, mirar a otra parte, pero no podía, llevaba demasiado tiempo
fingiendo. – Sabes que lo hare, sabes que cuidare de él y que nunca le faltara
de nada en nuestra casa.
-
Lo
sé. Solo necesitaba asegurarme. Sabes… A veces pienso que hubiera sido mejor no
conocerle. Pienso que sería mejor no haberle hecho pasar por todo esto. Que
encontrara a una mujer mejor que yo, que no lo hubiera machacado así estos
últimos años y que le hubiera podido dar un hijo…
Esas palabras fueron como un
tortazo para mí, y tras reprimirla duramente a pesar de su estado, la bese la
frente y la dije que iba a llamar a Henry para que subiera y le quitara esos
pájaros de la cabeza.
No sé cuánto tiempo estuve
esperando a que Henry bajara, pudieron ser quince minutos, o quizá dos horas
solo recuerdo que cuando oí abrirse la puerta de la habitación de Kate un
escalofrío me recorrió la espalda, y al ver bajar a Henry, cubierto de lagrimas
y con su brazo en alto, la oscuridad lleno la habitación en la que nos
encontrábamos.

