domingo, 16 de septiembre de 2012

LA MENTE EN BLANCO



Cuando me desperté no recordaba nada, absolutamente nada. Estaba tumbado en lo que parecía una cama de hospital con un terrible dolor de cabeza. Sentía como si mil clavos estuvieran intentando asaltar mi cerebro con la frente como puerta de acceso.
  
La habitación era blanca y verde con una gran ventana a la derecha que daba a un descampado y con una puerta marrón muy desgastada enfrente. A mi izquierda estaba el baño. Me levanté despacio y entonces me di cuenta de que estaba conectado a varias máquinas. Me desconecté e intente levantarme.

Las piernas no me respondían y nadie parecía haber escuchado el tremendo golpe que me acababa de dar  contra el suelo. Necesitaba ir al baño. Me arrastré por el suelo hasta llegar al lavabo, donde ayudándome con las barras para discapacitados conseguí ponerme en pie. Me dolía el mear y cuando me fijé vi que salía algo de sangre, entonces por primera vez me lo pregunté. ¿Quién soy, qué hago aquí?
  
Un espejo algo sucio colgaba de la pared y paré a mirarme. El ser que me devolvía la mirada era bastante alto y delgado. Era difícil calcular mi edad ya que a pesar de tener una cara joven y apuesta mi pelo ya era entrecano. Me desnudé y examiné mi cuerpo. No tenía ni un rasguño, así que me dispuse a buscar en la habitación algo que me ayudase a recordar.
  
Dios como me dolía la cabeza, apenas podía pensar. Al menos ya conseguía andar aunque fuese apoyándome en la pared. Había algo extraño en todo lo que estaba sucediendo, no había signo de que ningún otro ser vivo hubiera estado en aquella habitación a parte del médico y las enfermeras y además no encontraba ningún objeto personal.
  
Cuando ya me había dado por vencido e iba a tumbarme a descansar un poco vi debajo de la cama un papel del hospital. Me agaché a cogerlo y de nuevo me golpee contra el suelo, mis piernas estaban demasiado débiles.
  
“Nombre: Jorge Saúl Rodríguez. Estado: en coma tras un fuerte traumatismo craneoencefálico. Día del ingreso: 1-03-2012”
  
Aunque lo que ponía allí no me decía nada, si que consiguió inquietarme y decidí ir en busca del Doctor. Nada más abrir la puerta de la habitación había un reloj, marcaba las 16.24 del día 2-05-2012. No podía ser, ¡Llevaba dos meses en coma! Cuando me giré, no me gusto demasiado lo que vi. Había un policía a cada lado del pasillo vigilando a todo el que se movía.
  
Volví a la habitación y decidí que esperaría allí al médico, no sé porque pero tenía la sensación de que esos polis estaban allí por mí. No podría decir cuánto tiempo pasó y ni tan siquiera si fue ese mismo día, pero cuando desperté había una enfermera cambiándome una vía. A la pobre chica casi la da un infarto cuando la cogí de la muñeca y la pregunté donde estaba y por qué.
  
Salió corriendo llamando a un tal Doctor Becker, y en apenas unos minutos un hombre de unos sesenta años y algo encorvado estaba examinándome bajo la atenta mirada de uno de los policías. Intenté hablar con él, preguntarle qué coño pasaba, pero lo único que obtenía por respuesta era una completa indiferencia por parte del Doctor y una mirada de profundo odio por parte del agente.

-       Esta todo bien Jorge, no tienes de que preocuparte. Te tendremos en observación, si todo va bien recuperaras la voz en unos días, en principio no parece que tengas secuelas cerebrales.
  
¿Qué? ¿Cómo? Pero si yo me escuchaba al hablar perfectamente, no era posible que no tuviera voz, ¿Es que querían volverme loco? ¿Tan malo era el crimen que había cometido que la pena a cumplir era mi locura? No supongo que el Doctor tendría razón, y solo serían cosas mías.
  
Pasé los siguientes tres días entre el sueño y la alucinación, sin saber muy bien que era real y que no, hasta que por fin terminaron esos terribles dolores de cabeza. Me sentía genial, e incluso se me autorizó para salir de mi habitación, siempre acompañado de los dos policías.

Pero seguía sin recordar nada. En varias ocasiones le pedí al Médico y a los policías explicaciones a través de notas, pero siempre parecía que no sabían nada, o más bien que no querían decirme nada. Era muy frustrante y cada vez más, se apoderaba de mí una ira que difícilmente podría seguir controlando.
  
Unas semanas después me desperté de madrugada con un hombre bajito, vestido con gabardina y sombrero sentado a los pies de mi cama. Di un grito ahogado que solo yo pude oír y él sonrió siniestramente. Me puse como loco y salí corriendo de la habitación. Los policías me detuvieron ante tal revuelo e intenté explicarles lo que pasaba pero no podía hablar. Como no me hacían caso intenté zafarme de ellos y correr a la habitación para que me siguieran. No sé como sucedió pero en el forcejeo le rompí la nariz a uno de los agentes y cuando llegué a la habitación con el otro corriendo detrás de mí, el extraño ya no estaba.
  
Me pase varios días atado a la cama intentando explicar lo que pasaba. Por supuesto nadie me creyó, e incluso llegue a pensar que quizá me lo había imaginado. Volvieron a confiar en mí, aunque ya no podía salir de mi pasillo.
  
Y entre paseos por el pasillo, ver películas en la tele de mi habitación y dormir fue pasando el tiempo. Llevaba unas cuantas noches teniendo pesadillas nocturnas y despertando a todo el hospital con mis gritos. Porque en efecto el único momento en el que conseguíamos que saliera voz de mi garganta era durante esas pesadillas.
  
Noté, mientras dormía, a alguien manipulando mi vía. No me preocupé, supuse que la enfermera me estaría cambiando el suero. Pero entonces me di cuenta: hacía casi dos semanas que ya no tenía ni vía ni suero. Abrí los ojos lentamente y vi a una mujer que no conocía vestida como mi enfermera e incluso llevando la chapa con su nombre “María López” en el pecho. Agudicé un poco más la vista y el terror me recorrió la espalda hasta la nuca. 

¡Estaba intentando ponerme cianuro! Me levanté rápidamente y golpee a la chica hasta que perdió la conciencia y mucho después. No estoy seguro de que pasaría con ella porque de repente sentí un calambre en la nuca y me desperté atado a una cama en una habitación sin ventanas y con una puerta metálica.
  
Como ya habréis deducido, otra vez no me creyeron. En aquella habitación sin luz y sin poderme mover no tengo muy claro cuánto tiempo pasé. Esta vez no volvieron a confiar en mí, y según pude saber por lo que le escuché hablar a mi guarda con el policía, la chica quedó en coma después de mi paliza. Que no hubiera intentado envenenarme. Pero…. Si habían encontrado allí a la chica… ¿Por qué yo estaba encerrado? Solo intentaba proteger mi vida. Nada me cuadraba.
  
No entiendo porque seguía allí encerrado. Cierto que no podía hablar pero ya estaba perfectamente y sin embargo, no solo no me daban el alta sino que seguía aislado de todo ser vivo. Pasé así mucho tiempo más, mientras que intentaba a través de las pesadillas descubrir quién era y que hacía en ese lugar.
   
El 7 de septiembre se abrió completamente por primera vez mi celda de aislamiento desde mi encierro. Me informaron de que me llevaban a la enfermería de la cárcel. ¿Por qué? ¿Sería por lo de la chica? No era mi culpa fue defensa propia. ¿Por lo del madero quizá? Vamos no era como para meterme en chirona. ¿Y si era por algo que había hecho anteriormente? Bueno, si era así no lo recordaba así que no tendrían más remedio que mandarme a un psiquiátrico hasta que recobrase la memoria.

Al salir, mi guardia con el que había hecho buenas migas, me presentó a todos los presentes. El Doctor Becker al cual ya conocía y a mis dos policías, Lluis y Mario, a Curro el celador que me acompañaría hasta la prisión, y a Alan el encargado de mi traslado. Les saludé a todos con mis mejores modales y puse mis manos a su disposición para que me esposaran.
  
No podía creer lo que veía. Mientras me esposaban al fijarme más en la cara de Alan me di cuenta de que era el hombre de la gabardina. Le di un puñetazo al policía que me estaba esposando y me lancé contra él. ¿Qué pasaba? ¿Qué clase de complot era ese? Cuando ya le tenía entre mis brazos me giré para ver a los demás y vi al celador apuntándome con la pistola del agente al que acababa de derribar. No vi nada más.
  
Me acabo de despertar en una habitación blanca y verde con una gran ventana a la derecha que da a un descampado y con una puerta marrón muy desgastada enfrente. A mi izquierda está el baño. Me levanto despacio y entonces me doy cuenta de que estoy conectado a varias maquinas. Me desconecto e intento levantarme. Me duele la cabeza y esta historia es lo único que puedo recordar. Tengo que salir de aqui.