Cuando me desperté no
recordaba nada, absolutamente nada. Estaba tumbado en lo que parecía una cama
de hospital con un terrible dolor de cabeza. Sentía como si mil clavos
estuvieran intentando asaltar mi cerebro con la frente como puerta de acceso.
La habitación
era blanca y verde con una gran ventana a la derecha que daba a un descampado y
con una puerta marrón muy desgastada enfrente. A mi izquierda estaba el baño.
Me levanté despacio y entonces me di cuenta de que estaba conectado a varias máquinas.
Me desconecté e intente levantarme.
Las piernas
no me respondían y nadie parecía haber escuchado el tremendo golpe que me
acababa de dar contra el suelo. Necesitaba
ir al baño. Me arrastré por el suelo hasta llegar al lavabo, donde ayudándome
con las barras para discapacitados conseguí ponerme en pie. Me dolía el mear y
cuando me fijé vi que salía algo de sangre, entonces por primera vez me lo
pregunté. ¿Quién soy, qué hago aquí?
Un espejo
algo sucio colgaba de la pared y paré a mirarme. El ser que me devolvía la
mirada era bastante alto y delgado. Era difícil calcular mi edad ya que a pesar
de tener una cara joven y apuesta mi pelo ya era entrecano. Me desnudé y
examiné mi cuerpo. No tenía ni un rasguño, así que me dispuse a buscar en la
habitación algo que me ayudase a recordar.
Dios como me
dolía la cabeza, apenas podía pensar. Al menos ya conseguía andar aunque fuese
apoyándome en la pared. Había algo extraño en todo lo que estaba sucediendo, no
había signo de que ningún otro ser vivo hubiera estado en aquella habitación a
parte del médico y las enfermeras y además no encontraba ningún objeto
personal.
Cuando ya me
había dado por vencido e iba a tumbarme a descansar un poco vi debajo de la
cama un papel del hospital. Me agaché a cogerlo y de nuevo me golpee contra el
suelo, mis piernas estaban demasiado débiles.
“Nombre:
Jorge Saúl Rodríguez. Estado: en coma tras un fuerte traumatismo
craneoencefálico. Día del ingreso: 1-03-2012”
Aunque lo que
ponía allí no me decía nada, si que consiguió inquietarme y decidí ir en busca
del Doctor. Nada más abrir la puerta de la habitación había un reloj, marcaba
las 16.24 del día 2-05-2012. No podía ser, ¡Llevaba dos meses en coma! Cuando
me giré, no me gusto demasiado lo que vi. Había un policía a cada lado del
pasillo vigilando a todo el que se movía.
Volví a la
habitación y decidí que esperaría allí al médico, no sé porque pero tenía la
sensación de que esos polis estaban allí por mí. No podría decir cuánto tiempo
pasó y ni tan siquiera si fue ese mismo día, pero cuando desperté había una
enfermera cambiándome una vía. A la pobre chica casi la da un infarto cuando la
cogí de la muñeca y la pregunté donde estaba y por qué.
Salió
corriendo llamando a un tal Doctor Becker, y en apenas unos minutos un hombre
de unos sesenta años y algo encorvado estaba examinándome bajo la atenta mirada
de uno de los policías. Intenté hablar con él, preguntarle qué coño pasaba,
pero lo único que obtenía por respuesta era una completa indiferencia por parte
del Doctor y una mirada de profundo odio por parte del agente.
-
Esta
todo bien Jorge, no tienes de que preocuparte. Te tendremos en observación, si
todo va bien recuperaras la voz en unos días, en principio no parece que tengas
secuelas cerebrales.
¿Qué? ¿Cómo?
Pero si yo me escuchaba al hablar perfectamente, no era posible que no tuviera
voz, ¿Es que querían volverme loco? ¿Tan malo era el crimen que había cometido
que la pena a cumplir era mi locura? No supongo que el Doctor tendría razón, y
solo serían cosas mías.
Pasé los
siguientes tres días entre el sueño y la alucinación, sin saber muy bien que
era real y que no, hasta que por fin terminaron esos terribles dolores de
cabeza. Me sentía genial, e incluso se me autorizó para salir de mi habitación,
siempre acompañado de los dos policías.
Pero seguía
sin recordar nada. En varias ocasiones le pedí al Médico y a los policías
explicaciones a través de notas, pero siempre parecía que no sabían nada, o más
bien que no querían decirme nada. Era muy frustrante y cada vez más, se
apoderaba de mí una ira que difícilmente podría seguir controlando.
Unas semanas
después me desperté de
madrugada con un hombre bajito, vestido con gabardina y sombrero sentado a los
pies de mi cama. Di un grito ahogado que solo yo pude oír y él sonrió
siniestramente. Me puse como loco y salí corriendo de la habitación. Los
policías me detuvieron ante tal revuelo e intenté explicarles lo que pasaba
pero no podía hablar. Como no me hacían caso intenté zafarme de ellos y correr
a la habitación para que me siguieran. No sé como sucedió pero en el forcejeo
le rompí la nariz a uno de los agentes y cuando llegué a la habitación con el
otro corriendo detrás de mí, el extraño ya no estaba.
Me pase
varios días atado a la cama intentando explicar lo que pasaba. Por supuesto
nadie me creyó, e incluso llegue a pensar que quizá me lo había imaginado.
Volvieron a confiar en mí, aunque ya no podía salir de mi pasillo.
Y entre
paseos por el pasillo, ver películas en la tele de mi habitación y dormir fue
pasando el tiempo. Llevaba
unas cuantas noches teniendo pesadillas nocturnas y despertando a todo el
hospital con mis gritos. Porque en efecto el único momento en el que
conseguíamos que saliera voz de mi garganta era durante esas pesadillas.
Noté,
mientras dormía, a alguien manipulando mi vía. No me preocupé, supuse que la
enfermera me estaría cambiando el suero. Pero entonces me di cuenta: hacía casi
dos semanas que ya no tenía ni vía ni suero. Abrí los ojos lentamente y vi a
una mujer que no conocía vestida como mi enfermera e incluso llevando la chapa
con su nombre “María López” en el pecho. Agudicé un poco más la vista y el
terror me recorrió la espalda hasta la nuca.
¡Estaba intentando ponerme
cianuro! Me levanté rápidamente y golpee a la chica hasta que perdió la
conciencia y mucho después. No estoy seguro de que pasaría con ella porque de
repente sentí un calambre en la nuca y me desperté atado a una cama en una
habitación sin ventanas y con una puerta metálica.
Como ya
habréis deducido, otra vez no me creyeron. En aquella habitación sin luz y sin
poderme mover no tengo muy claro cuánto tiempo pasé. Esta vez no volvieron a
confiar en mí, y según pude saber por lo que le escuché hablar a mi guarda con
el policía, la chica quedó en coma después de mi paliza. Que no hubiera
intentado envenenarme. Pero…. Si habían encontrado allí a la chica… ¿Por qué yo
estaba encerrado? Solo intentaba proteger mi vida. Nada me cuadraba.
No entiendo
porque seguía allí encerrado. Cierto que no podía hablar pero ya estaba
perfectamente y sin embargo, no solo no me daban el alta sino que seguía
aislado de todo ser vivo. Pasé así mucho tiempo más, mientras que intentaba a
través de las pesadillas descubrir quién era y que hacía en ese lugar.
El 7 de
septiembre se abrió completamente por primera vez mi celda de aislamiento desde
mi encierro. Me informaron de que me llevaban a la enfermería de la cárcel.
¿Por qué? ¿Sería por lo de la chica? No era mi culpa fue defensa propia. ¿Por
lo del madero quizá? Vamos no era como para meterme en chirona. ¿Y si era por
algo que había hecho anteriormente? Bueno, si era así no lo recordaba así que
no tendrían más remedio que mandarme a un psiquiátrico hasta que recobrase la
memoria.
Al salir, mi guardia
con el que había hecho buenas migas, me presentó a todos los presentes. El
Doctor Becker al cual ya conocía y a mis dos policías, Lluis y Mario, a Curro
el celador que me acompañaría hasta la prisión, y a Alan el encargado de mi
traslado. Les saludé a todos con mis mejores modales y puse mis manos a su
disposición para que me esposaran.
No podía
creer lo que veía. Mientras me esposaban al fijarme más en la cara de Alan me
di cuenta de que era el hombre de la gabardina. Le di un puñetazo al policía que
me estaba esposando y me lancé contra él. ¿Qué pasaba? ¿Qué clase de complot
era ese? Cuando ya le tenía entre mis brazos me giré para ver a los demás y vi
al celador apuntándome con la pistola del agente al que acababa de derribar. No
vi nada más.
Me acabo de
despertar en una habitación blanca y verde con una gran ventana a la derecha
que da a un descampado y con una puerta marrón muy desgastada enfrente. A mi
izquierda está el baño. Me levanto despacio y entonces me doy cuenta de que
estoy conectado a varias maquinas. Me desconecto e intento levantarme. Me duele
la cabeza y esta historia es lo único que puedo recordar. Tengo que salir de aqui.